Con sólo voz

Estaba tumbada en la cama y casi me dormía. Quería hacer un esfuerzo para seguir lo que me contabas, para después poderlo comentar y tener un tema de conversación, pero la hora que era y tu agradable voz preferían que me durmiese. Hablabas sobre tu película favorita con detalle y comentarios, pero a mí el tema me era indiferente. Ya me habías llevado a una nube y aún no sé cuando bajaré de ella.

Afortunadamente no me veías y no te pudiste decepcionar con la poca atención que en realidad te estaba dedicando. Tu voz seguía siendo acogedora, proyectandose por los auriculares y solo dirigida a mí. Pensandolo bien quizás hubiese preferido que sí me vieras, y con un poco de suerte la sonrisa que sin saberlo me dibujabas te hubiese enamorado.

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